¿Estamos siguiendo los católicos el mismo camino al abismo que los anglicanos?

La iglesia anglicana hoy ha desaparecido. Sólo queda una estructura oficial, mantenida por el Estado, que cumple una función social y decorativa
La Iglesia anglicana ha negado la Revelacion divina
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Volver la mirada a los hechos históricos siempre ayuda a comprender el presente y, aunque los paralelismos nunca sean exactos, pueden ser indicativos del decurso que pueden tomar los acontecimientos.

En base a esta premisa, vamos a señalar algunos hechos sucedidos hace más de un siglo, en la iglesia de Inglaterra.

1. En 1841, el gobierno inglés y al arzobispo de Canterbury, acordaron con el rey de Prusia y las autoridades de las iglesias luterana y calvinista, establecer un obispado en Jerusalén que tuviera jurisdicción sobre los fieles de las tres comuniones, alternándose obispos anglicanos y luteranos. Esto despertó un gran escándalo y fue una de las causas que terminaron de definir a John Henry Newman en su conversión a Roma. Escribía al respecto: “Al parecer nos encontramos en un camino donde debemos fraternizar con todo tipo de protestantes, monofisitas, judíos medios conversos, drusos. Si un evento así llegara a suceder, no podré impedir que ningún hombre se vaya a Roma. Todos comenzarán a irse, tarde o temprano”. (Carta a J.W. Bowden, del 10 de octubre de 1841).

2. Pocos años después, en 1847, se produjo el “caso Gorham”. El obispo Phillpotts, de Exeter, decidió no concederle al reverendo Gorham la parroquia de Brampford Speke, aunque había sido nominado para tal cargo por la Corona, debido a que el clérigo sostenía que la administración del bautismo no implicaba la regeneración espiritual ni la gracia santificante. La situación creó un conflicto que debió ser resuelto por el Consejo Privado de la reina que, dos años y medio más tarde, ordenó al obispo instalar a Gorham en el cargo que le negaba, basándose en que los candidatos no debían ser forzados a firmar aquellos puntos doctrinales sobre los que la iglesia anglicana no tenía doctrina clara. Esta situación, como es de suponer, despertó un gran malestar puesto que según muchos obispos y clérigos anglicanos, su iglesia tenía una doctrina definida con respecto a la gracia bautismal. Se elevó un protesta formal firmada en la que sus firmantes aseguraban que la iglesia de Inglaterra, con el juicio a Gorham, “se separaba formalmente del cuerpo católico, y ya no podría asegurar a sus miembros la gracia de los sacramentos y la remisión de los pecados”. Algún tiempo después, los arzobispos de Canterbury y York declararon su apoyo a la sentencia del juicio. Fue esto lo que definió que los archidiáconos Henry Manning y Robert Wilberforce, y James Hope, un prominente miembro de la Cámara de los Lores, siguieran el camino de Newman y fueron admitidos en la Iglesia de Roma.

3. En 1913 tuvo lugar la “controversia de Kikuyo”. Todo había comenzado cuando dos diócesis anglicanas de África —Mombasa y Uganda— habían participado de un congreso de iglesias protestantes que había tenido lugar en Kikuyo (Kenia) y en el que se había tratado el tema de la colaboración entre las distintas denominaciones cristianas. La reunión terminó con una celebración litúrgica ecuménica, celebrada por un obispo anglicano, y “concelebrada” por pastores protestantes. Este hecho produjo un gran escándalo y división en Inglaterra. Los obispos participantes fueron denunciados como herejes, aunque finalmente se rehabilitó su gesto. ¿Era correcta esa postura aperturista de algunos sectores de la iglesia establecida? Ronald Knox, sacerdote anglicano, estaba en profundo desacuerdo y, para exponer su posición escribió en cuatro días un pequeño libro cuyo argumento era una simple reducción al absurdo. Lo tituló «Reunion All Round» y pueden leerlo, en inglés, aquí. Fue este uno de los hechos determinantes para que 1917 Knox se convirtiera a la Iglesia católica.

4. En 1947, el obispo anglicano de Birmingham Ernest Barnes, publicó un libro titulado «The Rise of Christianity» en el que ponía en duda la virginidad de María y la resurrección física de Jesús. Además, defendía públicamente la necesidad y conveniencia del control de la natalidad. Estos hechos provocaron una gran protesta en muchos ámbitos británicos, y se presionó para que Barnes fuera apartado de su sede, lo cual nunca sucedió. Sin embargo, muchos anglicanos —clérigos y fieles— vieron en esta situación una deriva inaceptable en su iglesia, y decidieron convertirse al catolicismo. Entre ellos estaba el sacerdote escocés Onich MacFarlene-Barrow, quien escribía: “Continuamente me hacía yo esta pregunta : ¿Es posible permanecer en comunión con un obispo que, a pesar de sus blasfemos discursos, no es privado de su cargo? Es cierto que los errores sostenidos por el obispo Barnes no podían considerarse precisamente como cosa rara, pues, desde la fundación de la Iglesia, en todos los tiempos se habían dado dignatarios eclesiásticos que decían y hacían cosas por las cuales se escandalizaban los fieles; sin embargo, nada me había preocupado nunca tanto como las manifestaciones del obispo de Birmingham y estaba convencido de que no me sería posible permanecer en la iglesia anglicana.”.

Seguramente podrían citarse otros casos similares, como la conversión de Graham Leonard, obispo de Londres en 1989, debido a la decisión de la iglesia de Inglaterra de conferir a mujeres el orden del presbiterado. Y en todos ellos se observa un patrón común: un hecho concreto de tendencia modernista tomada por la iglesia de Inglaterra en su conjunto o por obispos individuales pero con el apoyo de la jerarquía, que provoca una o varias conversiones a la iglesia romana.

Saquemos ahora algunas conclusiones:

1. Buena parte de las afirmaciones o hechos que provocaron las crisis podrían ser hoy protagonizados por sacerdotes u obispos católicos. Pongamos un caso reciente: el cardenal Hollerich, S.J., la semana pasada defendió el “amor” homosexual, actitud bastante más osada que el control de la natalidad propiciado por el obispo Barnes. En cualquier seminario o universidad católica se enseña abiertamente la no virginidad de María y resurrección simbólica de Nuestro Señor (¿Hay que recordar, por ejemplo, al finado biblista argentino Luis Rivas?). En Alemania, las ceremonias con intercomunión entre católicos y luteranos es cosas corriente. A ningún obispo católico se le ocurriría suspender a alguno de sus sacerdotes si éste pusiera en duda la doctrina sobre la justificación de las aguas bautismales.

2. La iglesia anglicana hoy ha desaparecido. Sólo queda una estructura oficial, mantenida por el Estado, que cumple una función social y decorativa, pero en ella cada uno cree lo que quiere, sus templos están vacíos y cerrados, y muy pocos son los que encuentran en ella algún vestigio de vida propiamente espiritual. Es decir, ha dejado de ser una religión.

“Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?» (Lc. 18,8).

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Redacción SOY CENTINELA

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