Rusia y su economía de guerra: la burbuja patriótica y un futuro incierto

Los precios de consumo siguieron bajando en agosto y el rublo se mantuvo fuerte. Es decisivo el precio del petróleo crudo, que no obstante se está moderando debido a la menor demanda de China. Silencio de los economistas y expertos vinculados al Kremlin. En los meses venideros -de septiembre a diciembre- se juega el futuro del país, con consecuencias globales.
La economía rusa está en grave crisis
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Mientras las sanciones occidentales empiezan a minar seriamente muchos sectores de la economía rusa, la población vive desde hace tres meses en una burbuja ilusoria de bienestar patriótico. Según las últimas encuestas, en el mes de agosto, también bajaron de forma constante los precios de los artículos más comunes en tiendas y mercados, y el tipo de cambio del dólar y el euro rondó los 60 rublos (frente a los 80 de antes de la guerra). Se trata de un fenómeno inédito en el último siglo. Y si bien infunde un optimismo generalizado, todavía deben superarse las verdaderas pruebas que aguardan a la puerta.

Mientras tanto, los rusos disfrutan de un verano de tranquilidad y relativa prosperidad, tras el pánico de la primavera al comienzo de la guerra. Las políticas de apoyo a la moneda mantienen el «rublo fuerte» a salvo de las medidas que restringen sus transacciones internacionales, y las reservas de productos occidentales aún no se han agotado, aunque empiezan a escasear. McDonald’s y Starbucks han sido sustituidos por variantes domésticas, que intentan ofrecer café y hamburguesas del mismo nivel.

La deflación es calculada y anunciada triunfalmente por el instituto estadístico Rosstat ya no mes a mes, sino semana a semana. Los economistas se preguntan cuánto durará el idilio, y tratan de evitar las maldiciones de los detractores y el éxtasis de los expertos estatales. Obviamente, el principal indicador de la economía rusa es el precio del barril de petróleo: actualmente se sitúa en torno a los 95 dólares, y por primera vez cae por debajo del nivel anterior al 24 de febrero. La razón de esta caída se atribuye principalmente a la menor demanda de China, que lidia con nuevas restricciones por el Covid. Esto también indica que los altos precios del petróleo no son un factor tan vinculante como se pensaba.

La demanda de crudo depende de muchas circunstancias, y en las principales economías del mundo comenzará un proceso de recesión -una perspectiva ciertamente probable-, por lo que el precio del barril caerá mucho y durante mucho tiempo, poniendo a Rusia realmente en crisis. El petróleo de los Urales se vende actualmente a 65 dólares -casi al mismo precio que en 2021, cuando alcanzó una media de 69 dólares- y no se ha beneficiado de las subidas de los últimos meses. Falta la llamada «prima de crisis», a pesar de que la dependencia de los países europeos respecto a Rusia sigue siendo muy fuerte en este sector. Y todo ello ocurre antes de los previsibles cataclismos invernales.

Desde hace varios meses, a diferencia de lo que ocurría en años anteriores, el gobierno no  difunde el presupuesto del Estado y florecen las hipótesis fantasiosas al respecto. Por ejemplo, no se sabe a cuánto asciende realmente el gasto militar ruso. En principio, se estima que el presupuesto de julio será un 15% superior al de 2021, cuando el déficit se fijó en 900.000 millones de rublos. Por tanto, el aumento podría superar los 10 billones a finales de año. Difícilmente se podrá cubrir semejante abismo evitando la emisión masiva de moneda, lo que provocaría la inevitable subida de los precios. Se trata de un razonamiento que se funda en los procesos habituales, pero lo cierto es que en Rusia jamás se había visto un déficit semejante.

Hay que subrayar que el enorme aumento de los gastos en julio vino acompañado de una fuerte caída de los ingresos. Las entradas de Rusia se redujeron un 26% respecto al año pasado, incluidos los ingresos por exportaciones de petróleo. Además, las ventas de gas a Europa también caerán bruscamente en los próximos meses. A su vez, el IVA se desplomó un 42%, y los expertos no saben qué conclusiones sacar; probablemente tampoco los representantes del Ministerio de Hacienda en Moscú, obligados a guardar silencio y a mantener un optimismo de fachada

Se espera que los datos de septiembre aporten cierta claridad, al menos en lo que respecta a los ingresos fiscales. Generalmente, cuando se producen emisiones de moneda extraordinarias, la inflación se dispara a los dos o tres meses. Por otro lado, la caída de los precios del gas y el petróleo obligaría al rublo a debilitarse frente al dólar, el euro y el yuan. Entre septiembre y diciembre de 2022, en definitiva, se entenderá el futuro de la economía rusa, y también las consecuencias globales.

Vladimir Rozanskij

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